Capilla Montségur
Madrid - Zaragoza
Madrid - Zaragoza
De alguna manera, y más profundamente obligados por los votos voluntarios del sacerdocio, la experiencia de Dios debe ser transmitida, señalada, orientada y guiada. En mi vida profana soy Ingeniero, e inevitablemente, comparo este acto de gnosis a la comprensión que acaece cuando, tras acercarnos a las abstracciones matemáticas mediante símbolos habitualmente complejos, al ver su aplicación práctica todo toma forma, comprendemos esos símbolos y se nos escapa un "aahhh... ahora lo entiendo".
Bajo mi experiencia y punto de vista, algo Universal, como es el mensaje de Ieshuah, el Reparador, ni puede estar completa y eternamente cubierto por el velo del misterio, ni puede ser algo tan complejo: más bien, para llegar a una comprensión personal, debemos acercarnos gradualmente, siguiendo los consejos del Maestro, permitiendo que Su Sabiduría vaya poco a poco impregnando nuestras vidas, hasta el momento en que se hagan indistinguibles.
“El primer principio de la ciencia que cultivamos es el deseo. En ningún arte temporal, ningún operario jamás consiguió, sin cierta asiduidad, un trabajo y una continuidad de esfuerzos para llegar a conocer las diferentes partes del arte que se propone abrazar. Sería, por lo tanto, inútil pensar que se puede llegar a la sabiduría sin deseo, visto que la base fundamental de esa sabiduría no es sino el deseo de conocerla, que hace vencer todos los obstáculos que se presentan para bloquear la salida, y no debe parecer sorprendente que ese deseo sea necesario, una vez que es positivamente el pensamiento contrario a ese deseo el que separa a todos aquellos que procuran entrar en ese conocimiento”.
Louis-Caude de Saint Martin - Instrucciones a los Hombres de Deseo, Iª Instrucción
“Consideremos, pues, la virtud de la humildad de forma que puedas entender por qué es perfecta cuando Dios solo es su fuente y por qué es imperfecta cuando surge de otra fuente aun cuando Dios pudiera ser la principal. Trataré de explicar primero lo que es la humildad en sí misma y después será más fácil captar la diferencia.
Un hombre es humilde cuando permanece en la verdad con un conocimiento y apreciación de sí mismo tal cual es. Y de hecho, cualquiera que se vea y experimente tal como real y verdaderamente es, no tendrá dificultad alguna en ser humilde, pues dos cosas le aparecerán muy claras. En primer lugar, verá claramente la degradación, miseria y flaqueza de la condición humana, fruto del pecado original. De estos efectos del pecado original el hombre nunca se verá totalmente libre en esta vida, por santo que llegue a ser. En segundo lugar, tendrá que reconocer la bondad trascendente de Dios tal como es en sí mismo y en su rebosante y superabundante amor hacia el hombre. Ante tan gran bondad y amor la naturaleza tiembla, los sabios tartamudean como locos, y los ángeles y santos quedan cegados por su gloria. Tan abrumadora es la revelación de la naturaleza de Dios, que si su poder no los sostuviera, no me atrevo a pensar qué sucedería”.
Anónimo del siglo XIV · De la naturaleza de la humildad; cuándo es perfecta y cuándo es imperfecta · La Nube del No-Saber
Nadie éramos virtuosos, humildes ni Santos cuando comenzamos el Camino de la Virtud y de la Verdad, y si nos examinamos en profundidad en este momento, cada uno de nosotros, dudo que realmente lo seamos tampoco. No obstante, es importante remarcar que lo que comienza y se abre ante nosotros cuando nuestro Corazón nos orienta hacia la búsqueda de la Luz, es un Camino de autoconocimiento para superar precisamente las barreras que nos impiden florecer como somos: Sabios, Bellos y Fuertes en cada uno de nuestros planos, físico, mental y Espiritual.
Según la Gnosis que hemos recibido, la chispa Divina en nosotros, se halla aprisionada por capas y capas de materia y psiquismo, falsos prejuicios e ideas preconcebidas que nos impiden conocer la Verdad, e incluso provocan que nos revelemos contra Ella cuando se nos presenta. He ahí por qué para mi la Virtud de la Humildad es tan necesaria en la realización de la Gran Obra, prevista desde el Origen de los Tiempos, por Dios.
El coraje y la fuerza de Voluntad para superar los obstáculos en el Camino son verdaderamente imprescindibles, pero no debemos de dudar un segundo de su presencia si nuestra acción está impulsada por el más puro deseo, pues donde esté nuestro Corazón, ahí estará nuestro tesoro, y viceversa... por ello la labor de un sacerdote Gnóstico siempre será impartir los sacramentos para los que ha sido habilitado, mientras señala la Luz y su procedencia sin confundirse con Ella, igual que hizo el Apóstol San Juan:
“Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.
Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.
Evangelio según San Juan 1:6-13
Bautismo de Agua
El Misterio Inefable (La Eucaristía)
El Misterio de las Unciones Pneumáticas (la Extremaunción)
Exorcismos
Bendiciones
Consagraciones