Ekklesia significa asamblea, y de esta manera usó el Término Jesús el Cristo cuando encomendó a Pedro su misión:
«Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Asamblea; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.» (Mateo, 16:18)
Es por ello que la Iglesia Gnóstica se reúne en pequeñas asambleas, y ha permanecido haciéndolo en secreto desde tiempos inmemoriales, antes incluso de la encarnación de Cristo, hasta nuestros días.
Hoy la Iglesia Gnóstica Apostólica Universal Rosa✠Cruz abre sus puertas a las almas de todos aquellos buscadores de Luz, que sientan la llamada en su interior.
Esta es la Asamblea donde la salvación se revela no a través de la fe ciega, sino a través del conocimiento vivo y directo de lo sagrado; porque solo despertando a la Gnosis Eterna, se alcanza la Salvación, haciéndose efectiva la promesa del Maestro:
«Y conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres.» (Juan, 8:32)
«καὶ γνώσεσθε τὴν ἀλήθειαν, καὶ ἡ ἀλήθεια ἐλευθερώσει ὑμᾶς.» (Transcripción del Códice Sinaíticus)
Kai gnōsesthe tēn alētheian, kai hē alētheia eleutherōsei hymas.
En el corazón de esta sentencia sagrada palpita el misterio de la iniciación gnóstica, impulsada por la acción redentora de Ieshuah, el Christos Soter. El término γνώσεσθε (Gnōsesthe) no alude a un mero conocimiento racional o teórico, sino a una experiencia espiritual divina y transformadora de la Realidad eterna. Es la verdadera Gnosis: el acto supremo de encontrar y conocer a Cristo en el interior de nosotros mismos. Este despertar nos conduce directamente a τὴν ἀλήθειαν (Tēn alētheian), la Verdad que Ieshuah encarna al revelarse como el pensamiento articulado (Logos) de Dios. Su sentido profundo es el des-ocultamiento: la fuerza del Salvador rasgando el velo de los Arcontes que cautiva al hombre caído, iluminando a quienes se hallan en las tinieblas de este mundo. Para el buscador, la Verdad no es un dogma, sino la consciencia viva de recuperar nuestra conexión con el PLEROMA, recordando nuestro origen auténtico en el Propator (el Padre Desconocido).
Es precisamente esta Presencia del Cristo la que opera el prodigio de la Redención mediante ἐλευθερώσει (Eleutherōsei), la libertad espiritual que os Libertará, pero esta acción suprema es vivificada y sellada por la efusión de Nuestra Señora La Espíritu Santo (Pneuma Hagion). Como enseña nuestra fe, Ella es el Paráclito, la Madre Celestial y Consoladora que desciende para permear y alterar benéficamente las estructuras arcónticas de este universo. Mediante el don sobrenatural de su Gracia santificante, esta potencia infalible e inefable ilumina, vivifica y santifica las almas de los sabios. Es este soplo divino el que verdaderamente purifica al alma: al actuar unida al sacrificio redentor de Jesucristo, la Santa Madre Espíritu transforma al iniciado en un ser libre de la tiranía del Demiurgo. De este modo, la Salvación a través de la Gnosis se consuma, coronando el propósito eterno de nuestra Ekklesia: formar un solo cuerpo místico para retornar a la Plenitud de la Luz.
«Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.» (Mateo 28:19-20)
El vocablo gnósis es griego y significa «conocimiento»; es el sustantivo del verbo gignósko, «conocer». En la lengua clásica normal, y en menor medida en la koiné, o lengua común helenística, los significados de los términos gnósis y epistéme, de parecido significado, se interseccionan. En el uso filosófico, epistéme suele presentar el significado de «ciencia» o «conocimiento científico» en cuanto opuesto a «opinión»; gnósis, por su parte, significa el simple conocimiento en cuanto opuesto a «ignorancia» (denominada precisamente ágnoia).
La Gnosis, en su acepción real, significa CONOCIMIENTO PURO, un Conocimiento-Sabiduría por el cual conocer es, al mismo tiempo, ser. Es un conocimiento catártico que lleva a la Metanoia, y es totalmente diferente y distinto de lo que se entiende por Cultura y Erudición. Según Tau Jacques [1]: “el conocimiento del que se trata cuando se habla de gnosis, no es de tipo racional. Es un conocimiento espiritual, divino: De dios en mí, de mí en Dios. Y del mundo en función de uno y otro. El conocimiento perfecto”. Este conocimiento perfecto que opera la liberación del hombre trata, como nos dice Clemente de Alejandría, “de lo que fuimos, de lo que hemos llegado a ser; de dónde estábamos y desde dónde fuimos arrojados; del lugar donde nos encontramos, del lugar donde hemos sido redimidos; de lo que es el nacimiento y el renacimiento” [2]. Por lo tanto, “La gnosis es una experiencia o se refiere a una eventual experiencia interior, llamada a ser estado inamisible [que no se puede perder], por el cual, durante una iluminación, la cual es regeneración y divinización, el hombre se re-apodera de su verdad, recuerda y retoma consciencia de sí mismo, es decir, de su naturaleza y de su origen auténticos al mismo tiempo; por ello, se conoce y se reconoce en Dios, conoce a Dios y se presenta a sí mismo como emanado de Dios y extraño al mundo, adquiriendo así, con la posesión de su ‘naturaleza esencial’ y de su condición primigenia verdadera, la explicación de su destino y la certeza definitiva de su salvación, descubriéndose como ser -por derecho y por toda la eternidad-salvado” [3]. Esta Gnosis, por tanto, es universal, y siempre ha estado al alcance del hombre desde el origen de la humanidad, puesto que desde ese mismo origen el hombre ha recibido las influencias salvíficas del Cristo. Tal como nos comenta San Agustín: “lo que llamamos hoy religión cristiana existía ya desde el origen del género humano, hasta que habiendo venido el mismo Cristo, empezáramos a llamar cristiana a la verdadera religión que ya existía antes”. Esta es la religión de la Iglesia a la que podemos llamar con propiedad Iglesia Gnóstica Universal, verdadera Iglesia Interior e Invisible que ha perdurado y perdurará por los siglos de los siglos.
El cristianismo culmina en la gnosis, puesto que el mismo Cristo y sus apóstoles nos enseñan que la salvación se nos revela por el conocimiento verdadero: “Si os mantenéis fieles a mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8:32); la verdad se vive y se presenta en Cristo para ser mostrada al hombre y ofrecerle abiertamente el soplo del Espíritu a quien la escucha: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14:6). Encontrar y conocer a Cristo en nosotros es la verdadera Gnosis, porque es reencontrarnos y reconocernos a nosotros mismos tal como fuimos en un principio. Jesús dijo: “cuando os conozcáis, entonces seréis conocidos y sabréis que sois hijos del padre que está vivo” [4]. El Evangelio de Felipe proclama: “Viste al espíritu y te convertiste en espíritu. Viste a Cristo, te convertiste en Cristo. Viste al Padre, llegarás a convertirte en el Padre”, un verdadero gnóstico “ya no es un cristiano, sino un Cristo”. Por ello declara Lucas (6:40) que “Todo el que está bien formado, será como su maestro”. Buscarme a mí mismo y conocer quién soy y quién era con el fin de volver a lo que era - ser lo que soy. Así se resume la vía gnóstica.
El "misterio escondido desde siglos y generaciones" es "Cristo que vive en vosotros" (Col 1, 26-27).
Notas entre corchetes en el texto:
[1] ¿Qué es la Iglesia Gnóstica? Entrevista con T(au) Jacques. Revista L'Initiation nº 3, julio-septiembre 1.978.
[2] Teodoto: Clemente de Alejandría, Extractos de Teodoto, 78, 2.
[3] Puech: “En busca de la Gnosis, I. La Gnosis y el tiempo y otros ensayos”, París, Gallimard, 1978, pág. 190.
[4] Tomás: Evangelio, versículo 3, trad. Puech, En busca de la Gnosis. II. Sobre el Evangelio según Tomás; París, Gallimard, 1978, pág 11.